El proyecto para expropiar el predio del basural local no es solo una movida catastral. Es el reconocimiento de un modelo agotado que impacta desde el mostrador del comerciante hasta la mesa del sector gastronómico. El Ejecutivo busca legalizar lo que la realidad —y el olor— ya habían impuesto.
En Capilla del Monte, la basura ha dejado de ser ese residuo incómodo que se saca a la vereda para convertirse en una pieza de ajedrez política. El envío del proyecto al Concejo Deliberante para expropiar el Lote 101 es, en los papeles, una búsqueda de "continuidad". En la práctica, es la admisión de que el sueño de la basura viajera (esa que iba a terminar en Cosquín) está, por ahora, en lista de espera.
El mostrador y la montaña
Para el comerciante y el frentista, la noticia tiene sabor a poco. No se trata solo de quién es el dueño de la tierra donde se apilan las bolsas, sino de qué se hace con ellas. La "utilidad pública" que esgrime el municipio suena bien en los despachos, pero en los barrios periféricos la urgencia sigue siendo el humo de los incendios recurrentes, ese visitante que no pide permiso y que arruina cualquier tarde de sol serrano.
El sector hotelero y gastronómico, motor de la economía local, observa el movimiento con la guardia alta. En una ciudad que vende "aire puro" y mística al pie del Uritorco, el basural a cielo abierto es la contrafigura perfecta. La expropiación podría ser el primer paso para una gestión profesional, o simplemente la formalización de un pasivo ambiental que ahuyenta al turista que busca la paz de la naturaleza y se encuentra con la gestión de la desidia.
Fábricas de soluciones o de parches
El sector productivo y las pequeñas fábricas de la zona entienden de costos. Saben que la logística de llevar los residuos a otra localidad encarece las tasas. Por eso, la mirada está puesta en si esta expropiación es el cimiento para un verdadero Centro Verde o si es solo un cambio de titularidad registral.
Si el municipio logra transformar ese predio de 93 mil metros cuadrados en un polo de economía circular, Capilla podría dar el salto que los ambientalistas reclaman desde hace décadas. Si no, seguiremos en el terreno de la cosmética.
El dato y el relato
La letra chica del proyecto es clara: se busca "garantizar la continuidad de la disposición final". Para las Asambleas Ambientales, que llevan años denunciando la contaminación de las cuencas, la frase es una declaración de guerra de baja intensidad. Continuidad es, para muchos, el eufemismo de "más de lo mismo".
El debate en el Concejo promete ser largo. Mientras tanto, el vecino particular, ese que separa el cartón en su casa con la esperanza de un mundo mejor, se pregunta si su esfuerzo termina en una planta de reciclaje o si solo está ayudando a ordenar el inventario de un lote que, finalmente, será del Estado.