La disputa por la conducción del ente que agrupa a los intendentes de la zona pone en jaque la unidad regional. En Capilla del Monte, el malestar crece ante una gestión que parece más preocupada por el reparto de cargos que por las urgencias de los vecinos del norte del departamento.
La calma serrana de Capilla del Monte se vio alterada en las últimas horas, no por el viento característico del pie del Uritorco, sino por los ecos de una interna política que amenaza con fracturar el armado regional del departamento Punilla. La disputa por la conducción del ente que nuclea a los municipios y comunas de la zona ha pasado de los pasillos de las intendencias a un escenario de confrontación abierta, con amenazas de portazos y una parálisis que preocupa a propios y ajenos.
En el corazón de la contienda se dirime algo más que una presidencia administrativa. Se juega la capacidad de incidencia política sobre los recursos y la obra pública en un año donde la crisis económica nacional golpea con fuerza las arcas municipales. Para Capilla del Monte, esta no es una discusión abstracta: el funcionamiento —o la inacción— del ente regional define desde la gestión de residuos hasta el mantenimiento de infraestructuras clave para el turismo y la vida cotidiana.
El norte, entre el olvido y la rosca
Fuentes cercanas al Palacio Municipal de Capilla del Monte dejan entrever un hartazgo creciente. "No se puede sostener un espacio que mira permanentemente al sur de Punilla mientras las necesidades del norte quedan relegadas a un segundo plano", sostienen quienes siguen de cerca la negociación. La posibilidad de un "portazo" no es solo una táctica de presión; es el reflejo de una asimetría que los intendentes de la región ya no están dispuestos a tolerar.
El manual de estilo de la política tradicional parece haber chocado con una realidad de gestión que exige respuestas inmediatas. Mientras en las oficinas de los distritos más grandes se debaten nombres y cuotas de poder, en Capilla del Monte la mirada está puesta en cómo esta crisis afectará los programas de cooperación regional.
Un ente en la encrucijada
La amenaza de fractura pone al descubierto las costuras de una unidad que siempre fue frágil. La gestión regional, pensada como una herramienta de eficiencia para los municipios, corre el riesgo de transformarse en un botín de guerra de las internas partidarias.
Para los habitantes de Capilla del Monte, el conflicto se traduce en una pregunta básica: ¿quién se hace cargo de la agenda regional si el ente encargado de coordinarla vuela por los aires? Por ahora, las respuestas son esquivas y el clima de "fin de época" en la conducción actual parece irreversible.
En las próximas horas, las reuniones clave definirán si prima la cordura institucional o si el norte de Punilla decide trazar su propio camino, lejos de una estructura que hoy se percibe más como un obstáculo que como una solución.