La amenaza se transformó en ordenanza y la fractura expuesta del peronismo de Punilla sumó su capítulo más drástico. El Concejo Deliberante de Cosquín aprobó este jueves la salida definitiva del municipio de la Comunidad Regional Punilla, un portazo institucional impulsado por el intendente Raúl Cardinali que dinamita el histórico esquema de articulación departamental tras más de dos décadas de vigencia.
La sesión, que estuvo atravesada por fuertes cruces políticos y pases de factura, selló la derogación de las ordenanzas de 2005 y 2006 con las que la Capital del Folklore se había acoplado al organismo supramunicipal. De este modo, Cardinali ejecutó la ruptura que venía madurando desde que denunció una "emboscada" y una "traición" digitada por el exsenador Carlos Caserio para imponer a Fabián Flores (Mayu Sumaj) en la conducción del ente, un sillón que el coscoíno reclamaba para sí.
El precio de la rosca: 38 millones anuales a cambio de nada
Desde los bloques oficialistas que defendieron el proyecto de Cardinali, el argumento central combinó el desencanto político con la fría matemática de las arcas municipales. Según se expuso en el recinto, Cosquín venía destinando anochecidamente el 0,6% de su coparticipación provincial para financiar la estructura de la Comunidad Regional. En la proyección actual, esa sangría representa alrededor de 38 millones de pesos anuales.
"Casi dos décadas aportando a un organismo que solo sirvió para la rosca de cargos y que no le devolvió a los coscoínos una sola obra de infraestructura ni un beneficio concreto", bramaron desde el entorno del intendente, justificando el repliegue financiero en épocas donde las arcas locales crujen.
Por su parte, la oposición encendió las alarmas sobre el "aislamiento institucional" en el que cae la ciudad y los interrogantes económicos sobre cómo afectará esta decisión a la gestión de servicios compartidos —como el tratamiento de residuos— que, teóricamente, deben coordinarse a escala departamental.
Dos caminos frente a la crisis del departamentalismo
La salida de Cosquín de la Comunidad Regional termina de configurar un escenario de atomización inédito en el Valle de Punilla, donde conviven ahora dos respuestas diametralmente opuestas ante la parálisis del aparato político tradicional:
- El portazo y el repliegue: Encarnado por Cosquín, que elige romper con la estructura histórica denunciando el manejo discrecional del "caserismo" y recuperando fondos coparticipables, a riesgo de quedar descolgado del armado territorial que reporta al panperonismo del gobernador Martín Llaryora.
- La transversalidad técnica del Norte: La vía elegida por Capilla del Monte, La Cumbre, Los Cocos, San Esteban, Charbonier y San Marcos Sierras, que en lugar del aislamiento individual optaron por saltar el cerco de la Comunidad Regional para fundar el flamante Ente Intermunicipal Sierras Norte, enfocados en una agenda cooperativa de ordenamiento territorial, agua e incendios.
Atrás quedaron las postales de unidad del peronismo serrano. Mientras el Ente del Norte empieza a caminar con agenda propia y Cosquín guarda los millones de la coparticipación en su caja municipal, la Comunidad Regional Punilla se queda sin su capital histórica y sumida en una crisis de representatividad que ningún asado político parece capaz de saldar.