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De la herencia histórica a la hoja de ruta para 2027


Capilla del Monte se encuentra ante una encrucijada que trasciende las banderas políticas. Con el calendario electoral de 2027 en el horizonte, la comunidad exige una madurez dirigencial que parece haber estado ausente en los debates de los últimos años. El desafío social no admite más postergaciones: la crisis hídrica, la infraestructura urbana y la convivencia en un entorno protegido por la Ley de Bosques no son temas de campaña, son problemas estructurales que requieren una hoja de ruta técnica y transparente.

La historia de nuestro pueblo —ese relato que nos recuerda que somos herederos de una construcción territorial compleja— debe dejar de ser una herramienta de confrontación para convertirse en el cimiento de un nuevo modelo de gestión. Referentes de la opinión pública local, de diversas trayectorias, coinciden en un punto: la necesidad de terminar con la gestión aislada y la improvisación. La dirigencia que aspira a gobernar a partir de 2027 tiene la oportunidad —y la obligación— de convocar a un consenso donde la planificación técnica sobre el agua y los servicios básicos sea una política de Estado, independientemente de quién ocupe la intendencia.

​Figuras que han marcado el pulso de nuestra identidad, como quienes han participado activamente en la puesta en valor de nuestro patrimonio histórico, junto a voces que hoy impulsan la participación ciudadana, nos plantean una pregunta central: ¿estamos listos para un liderazgo que entienda que el "hacer" en Capilla exige marcar tarjeta en el territorio? Los desafíos de la comunidad, desde la gestión de residuos hasta el impacto del turismo, requieren una clase dirigente que deje de mirar los cargos como un fin en sí mismo y comience a entenderlos como una responsabilidad de servicio.

​El electorado de 2027 no buscará más promesas fundadas en la crítica vacía, sino propuestas concretas para resolver la falta de agua y mejorar la prestación de servicios públicos. La dirigencia debe estar a la altura. La invitación para el próximo ciclo electoral es clara: menos campanarios y más territorio; menos historia como arma y más historia como hoja de ruta. La oportunidad de reconstruir la confianza está en manos de quienes hoy, con vocación y capacidad, decidan presentar un plan integral para que Capilla del Monte sea, finalmente, una ciudad que funcione.